Memorias
En la inmensidad de lo eterno, casualidad o destino, momentos y recuerdos, qué probabilidad hay de que nos conociéramos, de que nos amáramos.
Por cinco años te he visto crecer, sonreír, llorar y soñar, contemplando esos momentos majestuosos en mi memoria.
Cuando te veo y el sol se refleja en tu cabello, cómo puedo ser yo el guardián de tan majestuosa memoria.
Has cautivado mi memoria, no hay memorias más hermosas que verte sonreír, apasionada y expectante del universo.
Le doy gracias a Dios por tu vida, por los colores que llevas contigo, por la miel que eres a los que están en angustia.
Oro al Señor para que esas sonrisas nunca paren de iluminarse, afortunado y maravillado de ser el guardián de tus memorias.